VIVIR EN SANTIDAD
Gran parte de los comienzos que leemos en las escrituras nos llevan a entender que Dios siempre obra en una dirección donde no hay caminos alternos, pues aunque tenemos la libertad de albedrio, no tenemos la autoridad divina para cambiar ni alterar los designios base de cada una de las manifestaciones de su voluntad.
Cuando hablamos de la santidad (por cierto no negociable) nos enfoca en el hecho de que ya hay una manera exacta de como debe ser nuestro vivir y entonces el querer como el hacer es necesario para que se operen cambios; en nuestra mente y corazón para que se reestructure de una manera adecuada la parte natural egoísta y orgullosa de nuestra humanidad y se establezcan los parámetros pertinentes para que vivamos de acuerdo a esa voluntad de Dios agradable y perfecta.
Debemos entender perfectamente que nuestra lucha no es contra Sangre ni carne sino contra Potestades y nuestras capacidades están limitadas ante el poder de Dios. Solamente viviendo una vida sujeta al Espíritu, una búsqueda constante de su presencia, podrá ir haciendo morir nuestra carne e irnos pareciendo más a Jesús.
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2a. Corintios. 7:1