VIVIENDO POR REVELACIÓN
Romanos 16:25-27 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, 26 pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, 27 al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.
La Palabra revelación tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento se define como: revelar, develar, manifestar.
Entendemos por revelación, el acto de Dios por medio del cual El expone o descubre al ser humano la verdad y su voluntad, para su instrucción y dirección, de tal manera que este pueda conducirse durante el tiempo de su vida terrenal, de acuerdo a esa voluntad.
Implica conocer entre otros: El significado de los actos de Dios, el misterio de la persona del Señor Jesús, la obra del Espíritu Santo. Juan 14:16-17 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
El carácter de Dios como Padre. Mateo 11:27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
La revelación de la fe con las escrituras: Nuestra fe se hace firme, en la medida en que conocemos y creemos la Palabra de Dios (la Biblia) y nos atrevemos a ponerla en práctica, pues con ello, le permitimos a Dios manifestarse en nuestra vida y por medio de nosotros manifestarse a los demás. La Palabra de Dios es central al desarrollo de una fe firme. 2 Timoteo 3:16-17 1Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. En el caso de los creyentes, el no mantenerse en el estudio continuo de las verdades de la Palabra de Dios y por ende no vivir conforme a ella, produce falta de identidad, inestabilidad, falta del cumplimiento del plan de Dios, poca capacidad para enfrentar las circunstancias difíciles que la vida presenta, y el hacerse presa fácil de las mentiras y artimañas del diablo. Si esto es así, se cumple lo que leemos en la Escritura cuando dice:
Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.